“La Mercante”, un rescate en la historia

Una figura que complica a los relatores oficiales del peronismo tradicional, hoy rescatada por una nueva generación de militantes. Por Ricardo F. Choffi.

“Estamos cambiando la historia que otros escribieron por nosotros”, dijo la presidenta Cristina Fernández al nacionalizar las acciones de YPF.

La historia del peronismo es más joven aun que la de la empresa recientemente expropiada, pero seguramente la supera en complejidad. Es leyenda con tinta fresca, tan reciente que algunos historiadores dudan al hacer click en el botón Guardar por temor a tener que revertirla o quedar mal parado ante la dinámica de sucesos que relatan quienes se turnan en la conducción del movimiento. Casi siempre son los mismos que ejercen el Gobierno. El Poder.

La saludable irrupción de los jóvenes en el escenario político, muchas veces reservado a una elite mezquina, derribó el muro de “la historia que nos escribieron” y se desbandan sin control nombres hasta ahora prolijamente disimulados por los oradores oficiales.

Para adaptarse a los tiempos, lo preceden con el artículo femenino singular: “La Cooke” más a la izquierda, “La Solano Lima” hacia la derecha, muchas otras en el centro, la mayoritaria “La Cámpora” para los que desean encuadrarse sin demasiado esfuerzo y una que llamó la atención: “La Domingo Mercante”, con quien se podría hermanar a “La Jauretche”.

Mercante es un apellido enmarañado para quienes nos escribieron la historia del peronismo. Primero lo trazaron con letras doradas, luego lo fueron oscureciendo hasta ocultarlo casi definitivamente. Cincuenta años después, este mocerío lo rescata del olvido, quizá sin percatarse de la audacia que esto conlleva.

El teniente coronel Domingo Mercarte, hijo de un dirigente sindical de la Unión Ferroviaria, se encargó de aceitar las relaciones del entonces secretario de Trabajo Juan Perón con los gremios. Evita sentía un gran afecto por él. Su figura fue creciendo hasta convertirse en gobernador de la provincia de Buenos Aires cuando Perón fue presidente en 1946. Rápidamente se rodeó de los jóvenes del FORJA: Arturo Jauretche, Fernández Arregui, Luis Dellepiane, entre otros, fueron sus funcionarios, quienes le impregnaron a la gestión un dinamismo e innovación sin precedentes.

En 1952, al morir Eva, algunos opinaban que un gobierno provincial tan progresista y tolerante desafiaba el liderazgo de Perón. O, en cambio, los intereses de algunos de sus obsecuentes más represivos. En ese preciso momento fue desterrado para siempre del partido hasta su muerte, en 1976. Casi la misma suerte sufrieron sus ministros. Cuentan que Jauretche se apuró a refugiarse en la tranquilidad del barrio El Cazador, en Escobar. Allí quizás se inspiró para escribir su “Manual de Zonceras Criollas”.

Así como Cristina rescató a YPF de la historia neoliberal y privatista que nos escribieron en los ’90, estos impulsivos militantes liberaron a Mercante del castigo del paladar negro de los férreos guardianes del portal místico peronista.

Por Ricardo Fabián Choffi

Agrupación “Arturo Jauretche” de Escobar
ricardo@jauretche.org.ar

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