La presuntamente inminente llegada del fenómeno meteorológico de El Niño, con una intensidad excepcional, vuelve a poner bajo la lupa el riesgo de inundaciones en la región. Los pronósticos anticipan lluvias superiores a las habituales durante la primavera y el verano, mientras distintos municipios del norte bonaerense refuerzan sus sistemas de prevención y respuesta ante posibles emergencias.
El Niño es un fenómeno climático de origen oceánico-atmosférico que se produce cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se calientan por encima de sus valores habituales. Ese calentamiento modifica la circulación de los vientos y la atmósfera y puede alterar los patrones de precipitaciones y temperaturas en distintas regiones del mundo. En este episodio, los modelos prevén anomalías de temperatura del mar superiores a los 2 °C.
Las proyecciones hablan de un episodio de características particularmente intensas, denominado de manera informal “Súper Niño”. No se trata de un fenómeno diferente, sino de una forma de describir un evento de El Niño que podría alcanzar una intensidad muy alta. Para la provincia de Buenos Aires, el período de mayor atención se concentra durante la primavera y el verano, con lluvias que podrían ubicarse por encima de los valores habituales.
Un informe del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense señaló que existe más de un 90% de probabilidad de que el evento evolucione hacia una categoría “Muy Fuerte” y advirtió que podría ubicarse entre los episodios más intensos registrados desde 1950. El mismo relevamiento indicó que 58 de los 92 municipios analizados ya superaron en 2026 alguna de sus medias mensuales históricas de precipitaciones.

La preocupación no se explica solamente por la cantidad de lluvia que pueda caer en pocas horas. Una parte importante del territorio bonaerense ya presenta elevados niveles de humedad en los suelos, por lo que una precipitación intensa podría generar anegamientos con mayor rapidez. De todos modos, las proyecciones climáticas son probabilísticas y no permiten determinar con anticipación exactamente dónde, cuándo ni con qué intensidad se producirán las lluvias.
Por eso, hablar de un “Súper Niño” no significa que necesariamente vaya a producirse una inundación generalizada. El riesgo dependerá también de las condiciones de cada cuenca, la humedad del suelo y el nivel de los ríos.

El riesgo de una crecida regional
Este inquietante panorama también llevó a reforzar la planificación en varios municipios del norte bonaerense, especialmente en Zárate y Campana, donde el comportamiento del río Paraná constituye un factor central frente a un eventual período de lluvias extraordinarias. Ambas localidades mantienen protocolos de prevención y seguimiento ante los distintos escenarios que podría generar el fenómeno.
En Zárate, el intendente Marcelo Matzkin encabezó a comienzos de agosto una reunión de gabinete convocada para analizar protocolos preventivos ante posibles contingencias hidrometeorológicas. En ese encuentro, el Municipio informó además la incorporación de nueva tecnología destinada a fortalecer las tareas de prevención y respuesta ante emergencias.

La preocupación por una posible crecida del Paraná ya había sido planteada por Matzkin, quien advirtió sobre un escenario que podría generar niveles del río no registrados en la zona desde hace más de tres décadas. A partir de esa previsión, el Municipio comenzó a trabajar junto con fuerzas de seguridad y las Fuerzas Armadas en la planificación de eventuales operativos de asistencia y evacuación.
En Campana, Defensa Civil y la Dirección de Islas reforzaron en agosto el trabajo territorial con los vecinos. Desde principios de mes se realizaron encuentros informativos con habitantes del Canal Alem para explicar el escenario climático, coordinar acciones preventivas y fortalecer los protocolos de respuesta en la zona insular.
La ciudad también avanzó en la coordinación con los organismos que podrían intervenir ante una emergencia. Días atrás, el intendente Sebastián Abella reunió a representantes de Defensa Civil, Prefectura, Policía, Bomberos, Cruz Roja y otras instituciones para definir cómo actuar ante una eventual evacuación. El Municipio informó que los especialistas prevén una mayor intensidad del fenómeno entre octubre y febrero.
El antecedente más cercano también funciona como referencia. Durante el temporal de 2025, el barrio San Cayetano, ubicado en el límite entre Zárate y Campana, registró una de las situaciones más graves de la región, con evacuaciones y anegamientos en distintos sectores de ambas ciudades. En algunas zonas, las precipitaciones superaron los 350 milímetros en pocas horas.

Plan de coordinación nacional
A nivel nacional, el gobierno puso en marcha un esquema de coordinación para organizar la respuesta ante posibles inundaciones, crecidas de ríos y otros eventos asociados al fenómeno. La estrategia contempla la articulación entre organismos de emergencia, brigadistas, bomberos, fuerzas de seguridad, Defensa Civil y las distintas jurisdicciones.
Además, el gobierno anunció asistencia sanitaria a demanda para los municipios que resulten afectados, destinada especialmente a localidades donde una inundación comprometa o desborde la capacidad de atención de sus hospitales.
En paralelo, la Provincia avanza con medidas preventivas y obras hidráulicas frente al escenario climático. Entre las zonas contempladas aparecen los ríos Luján, Salado y Areco, el arroyo Duppy en La Matanza, el Canal Maldonado de Bahía Blanca y la Presa Roggero, además de trabajos de microdrenaje y macrodrenaje en distintos municipios.
La Provincia también advirtió sobre la necesidad de sostener la infraestructura de prevención frente al aumento de las precipitaciones. El territorio bonaerense combina sectores con elevada humedad en los suelos y cuencas con distinto grado de vulnerabilidad.

Escobar: por qué el distrito está expuesto
En Escobar, el principal factor de exposición está relacionado con su ubicación. El partido se encuentra en la cuenca baja del río Luján y dentro del sistema del Paraná de las Palmas, por lo que recibe agua proveniente de otros municipios. Nueve arroyos atraviesan el distrito y reciben aportes de localidades ubicadas aguas arriba, entre ellas Pilar, General Rodríguez, Malvinas, Merlo y Moreno.
Esto significa que una tormenta fuerte no depende únicamente de lo que llueva dentro de Escobar. El agua que llega desde otros sectores de las cuencas y un nivel elevado del Paraná de las Palmas pueden dificultar el drenaje y aumentar el riesgo de anegamientos.
El pasado viernes 31 de julio y durante la madrugada del sábado 1º de agosto, por ejemplo, cayeron más de 90 milímetros en el distrito y 75 milímetros se concentraron en apenas tres horas. Los arroyos llegaron a su capacidad máxima, hubo desbordes puntuales del arroyo Garín y varias calles y avenidas quedaron anegadas.
Ese antecedente fue uno de los puntos abordados en la charla que Defensa Civil brindó el pasado viernes 21 en el Concejo Deliberante. El escobarense Gabriel Pérez, jefe regional de la Zona 8 de Defensa Civil, junto a Alfredo Merlo y Emiliano Salgado, explicó el comportamiento esperado del fenómeno y las medidas que mantiene activas el distrito.
Durante el encuentro señalaron que el recalentamiento del Pacífico incrementa la evaporación y la condensación y favorece la probabilidad de lluvias intensas. Para la Argentina, marcaron una ventana de mayor atención entre septiembre y enero y señalaron que la zona ya acumula 41 días de nubosidad y humedad asociados al comportamiento del océano.
Defensa Civil mantiene un monitoreo diario de las tormentas mediante radares e imágenes satelitales y sigue las condiciones de los cursos de agua ubicados aguas arriba. El organismo también mantiene especial atención sobre el arroyo Escobar por su importancia dentro del sistema de drenaje local.
La previsión estacional apunta a acumulados mensuales muy superiores a los habituales: frente a una media de 100 milímetros por mes, podrían darse valores de 290, 300 o 350. A su vez, Pérez recordó que el puerto local tiene un nivel de alerta de 3 metros y un umbral de alerta de 3,50 metros. Al respecto, anticipó que ese nivel será superado ampliamente, lo que dificultará el drenaje natural.
A este seguimiento se suman las obras hidráulicas que el Municipio viene desarrollando. Escobar cuenta con nueve reservorios, capaces de almacenar en conjunto 32 millones de litros, y avanza con otros dos en Loma Verde, que agregarán cerca de cinco millones de litros.

También se realizaron trabajos de ampliación y dragado del arroyo Escobar, reconstrucción de taludes y albardones y el ensanche del antiguo puente de la Arenera, que pasó de 8 a 38 metros.
En la cuenca del arroyo Tajamar también se intervino sobre un valle de inundación conectado con el río Luján y se desarrolló un canal aliviador. Según explicaron desde Defensa Civil, estas obras no eliminan el riesgo, pero aumentan la capacidad de conducción y permiten ganar tiempo de respuesta frente a una tormenta intensa.
Ese efecto ya pudo observarse en el barrio Matadero. Defensa Civil explicó que anteriormente una lluvia de 50 milímetros en una hora podía dejar la zona bajo agua, mientras que en un episodio posterior el sistema soportó más de 100 milímetros acumulados en tres horas.
La preparación incluye además un Comité Operativo de Emergencia (COEM), creado en 2018 mediante la Ordenanza 5594, y un plan de emergencia articulado con la Provincia. Defensa Civil ya definió los roles de las distintas áreas y previó dos o tres centros de evacuación por localidad para utilizar si fueran necesarios.

Otro factor bajo control son los residuos. Después de una tormenta, los equipos municipales retiraron alrededor de 200 toneladas de plástico del arroyo Escobar y Defensa Civil relató el caso de una zapatilla que ingresó en una bomba de un reservorio y provocó su rotura.
Por eso, el Municipio reforzó los controles sobre los microbasurales y mantiene la articulación con Pilar para evitar que los residuos ingresen a Escobar a través de las cuencas compartidas.
1959: la última gran inundación de Escobar

La posibilidad de atravesar nuevamente un escenario de grandes excedentes hídricos también remite a uno de los episodios más graves de la historia local. En abril de 1959, una temporada de precipitaciones excepcionales provocó una crecida que afectó unos 20.000 kilómetros cuadrados desde Entre Ríos hasta el Delta del Paraná y se convirtió en la peor catástrofe hídrica registrada hasta entonces en el país.
En aquel momento, Belén de Escobar todavía pertenecía al partido de Pilar y la autonomía municipal llegaría apenas seis meses después. El territorio tenía alrededor de 28.000 habitantes y una parte importante de su actividad económica dependía de las islas, donde se producían madera, frutales, cítricos, flores y mimbre.
La lluvia se extendió durante 15 días y el agua tardó meses en retirarse. La primera sección de las islas quedó devastada, las actividades productivas se paralizaron y numerosas familias tuvieron que trasladarse hacia el continente. El fenómeno terminó modificando la estructura poblacional y productiva de la zona y contribuyó al despoblamiento de sectores del Delta.
Uno de los recuerdos que quedaron de aquella inundación fue el nivel que alcanzó el agua en las cercanías de la actual ruta provincial 25. Según relató años después a DIA 32 el historiador y director del museo municipal Gustavo Isetta, quienes se acercaban a la barranca de El Cazador podían ver el río extendido hasta el horizonte: “Era como ver el océano”.
Por ahora, la llegada de El Niño no permite afirmar que Escobar vaya a atravesar una inundación generalizada. Lo que sí existe es una mayor probabilidad de lluvias intensas durante los próximos meses y, con ella, la necesidad de reducir todo lo posible las condiciones que pueden transformar un temporal severo en una emergencia.


















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