En El Cazador hay un rincón que transmite una calidez hogareña singular. Desde hace casi seis años, la cafetería, pastelería y cervecería Stollen invita a detenerse a pasos de la entrada del barrio. En las afueras del centro de Belén de Escobar y rodeado de naturaleza, el lugar emana un aire familiar incluso en la primera visita. Los fines de semana se llena de vecinos, turistas, motociclistas y ciclistas que lo eligen como punto de encuentro. Así fue soñado por sus creadores.
Stollen -nombre tomado de una receta tradicional alemana- nació de una familia que eligió esta ciudad por su tranquilidad. La cuadra donde se ubica, sobre la calle Kennedy al 48, a metros de la avenida San Martín (ruta 25), está densamente arbolada. A la sombra, sus mesas al aire libre ofrecen un espacio donde la prisa queda suspendida.
Ya no abundan los lugares donde el tiempo para un café sea una excusa para la charla y la unión. Stollen recupera ese espíritu: invita a quedarse, a sentirse en casa, a compartir una comida casera sin apuro. El lugar tiene un ambiente relajado y atemporal. Además, desde julio se puede disfrutar de toda su gastronomía al calor de una salamandra a leña rodeada por un revestimiento en piedra. El conjunto logra una calidez entrañable.
La carta es íntegramente de elaboración propia. Celeste Ceratto explica que “todo es fresco y se elabora en el momento”. Aunque requiera unos minutos más, la calidad de los productos se nota y se ha sostenido desde el comienzo. Entre los favoritos destacan el strudel, el croissant, el lemon pie y el stollen, “como un pan dulce alemán”, con especias, cáscaras de naranja, pasas, almendras y manteca. También ofrecen la particular “cookie Stollen”.

Este año volvieron a sumar cerveza artesanal y picadas e incorporaron salchichas y rosca polaca con chucrut. También ampliaron la carta con sándwiches de lomito y de otros fiambres artesanales, como pastrón con pickles de pepinos y mostaza casera. Las opciones de almuerzo se completan con tostados, empanadas y nuevas opciones de ensaladas.
Otra novedad en la carta son dos alfajores: uno de dulce de leche y pistacho y otro estilo cordobés, con relleno de dulce de durazno y cáscaras de naranja en la masa. Ambos son ganadores de la primera etapa de la competencia de pastelería amateur “DeliChef 2026”, donde compitió Celeste, y ya se volvieron nuevos favoritos en el menú.

Sello de familia
A fines de 2019, Fabián Ceratto, su hermana Celeste y su hijo Juan Cruz se propusieron abrir un local gastronómico en esta zona residencial de la ciudad. Pero días antes de inaugurar el local, el proyecto se truncó. Juan recuerda estar pintando el local cuando lo llamó su madre para decirle que vuelva inmediatamente a su casa porque se había decretado el aislamiento obligatorio por la pandemia de Covid-19. Pasaron nueve meses hasta que Stollen abrió sus puertas, el 8 de diciembre de 2020.
Durante ese período, la familia siguió alimentando este sueño y cuando finalmente inauguraron lo hicieron en dos locales contiguos, con un amplio patio al aire libre. Empezaron ofreciendo café, pastelería, cerveza artesanal, picadas y pizza. En un contexto de restricciones y distanciamiento, el patio con vista a la entrada del barrio surgió como un lugar de reencuentro y conexión. La recepción fue muy positiva.
En mayo de 2021 este sueño familiar dio un vuelco doloroso. Fabián enfermó de coronavirus y falleció poco después. En ese invierno cerraron y se preguntaron cómo seguir.
Casi tres meses después, tía y sobrino reabrieron el local, apoyados por toda la familia. Incluso los abuelos se sumaron a colaborar en el trabajo del café, reafirmando que la unión es el motor de este proyecto.

Elegir Escobar
Desde que terminó el secundario y empezó a trabajar, Juan quería tener un emprendimiento propio. Celeste destaca con orgullo que su sobrino, con 20 años, asumió junto a ella la responsabilidad. Criado en Escobar desde pequeño, eligió para vivir y desarrollarse el mismo lugar que amaban sus abuelos y sus padres.
Celeste rememora visitas al camping de la Mutual de Bomberos en el Paraná, frente al río, en su temprana infancia. Ambos coinciden en que Fabián también atesoraba recuerdos de El Cazador de esa época.

Toda la familia es oriunda de San Martín, pero desde esos tiempos elegían la naturaleza y la tranquilidad de Escobar para pasar sus fines de semana.
En 2005, Fabián y su esposa, Viviana, tomaron la decisión de mudarse al barrio Manny para criar a sus hijos en un entorno más agreste. Juan recuerda una anécdota que solía escuchar de su madre, sobre abrir las cortinas por la mañana y ver una vaca por la ventana, una realidad muy distante a la vida de departamento que habían dejado atrás. Con el tiempo, también sus abuelos se mudaron a El Cazador.

Mirar hacia adelante
Juan y Celeste siguen trabajando para que este proyecto crezca. El regreso de la cerveza artesanal y las picadas recupera el espíritu inicial y refuerza la invitación al encuentro, en una de las pocas opciones de esta zona de Escobar, sin necesidad de ir hasta el centro de la ciudad.
En los últimos años, el barrio parque El Cazador experimentó transformaciones importantes con diversos desarrollos, algunos masivos. Sin embargo, logra conservar cierta quietud y atmósfera residencial. Tal vez porque la naturaleza sigue siendo una de las grandes protagonistas del lugar. La identidad de este café contiene una parte de esa esencia.
Los fines de semana ofrecen shows de música en vivo en el patio, con la calidez de ese sector arbolado y al aire libre, que invita a quedarse sin mirar la hora. Los visitan numerosos grupos de vecinos o turistas y muchos motociclistas.
“Hicimos un estacionamiento de motos porque nos gusta también ese mundo y la gente se acerca a hablar con los dueños. El público que tenemos es muy copado en ese sentido y se arma un ambiente muy lindo”, comenta Juan Cruz.
Un recordatorio de que tomar un café es también la tradición de juntarse y de recuperar tiempo de calidad, entre cosas ricas y momentos de conexión.


















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