A los 82 años y de manera totalmente inesperada, falleció Ana Mirtha Dechima, una histórica docente del partido de Escobar que durante décadas estuvo vinculada a la educación y a la función pública local. La noticia, que circuló este jueves a través de las redes sociales, generó conmoción entre vecinos, familiares y personas que compartieron con ella distintas etapas de su vida.
Nacida el 3 de noviembre de 1943 en Capital Federal, Dechima vivió toda su vida en Belén de Escobar. Era hija única de Arturo y Ana Micussio, estaba casada con José “Titín” González y tenía dos hijos, Marcela -docente- y Alejandro -médico-, además de cinco nietos: Francisco, Catalina, Ezequiel, Josefina y Bautista.
La docencia ocupó buena parte de su vida. Trabajó durante 46 años, desde sus inicios en la Escuela Primaria Nº13 de Ingeniero Maschwitz hasta su jubilación. También pasó por la Escuela Nº5 de Garín, la Nº6 de Matheu y una escuela de adultos, aunque fue en la Escuela N°7 de El Cazador donde desarrolló gran parte de su carrera y llegó a desempeñarse como directora.
Su relación con la educación continuó fuera de las aulas. Entre 1997 y 2008 formó parte del Consejo Escolar de Escobar, donde ocupó distintos cargos, entre ellos la presidencia y la tesorería. Su llegada a ese organismo se produjo durante los años de la gestión municipal de Luis Patti, etapa sobre la que años después también reflexionó públicamente.

En una entrevista con DIA 32 publicada en octubre de 2013, Dechima recorría distintos momentos de su vida y recordaba especialmente sus años como docente. Había elegido esa profesión desde muy joven y relataba que, incluso de niña, jugaba a ser maestra. Después de terminar sus estudios secundarios en el Instituto General Belgrano, cursó allí mismo el magisterio y comenzó a trabajar poco después de recibirse.
Entre las experiencias que más valoraba de su carrera estaba un recuerdo personal: el día de su casamiento. “A la salida de la iglesia me encontré a todos mis chicos con sus padres, los 32 alumnos, estaban todos”, recordó.

También había dejado una mirada particular sobre su paso por el Consejo Escolar. Según explicaba, nunca había buscado simplemente ocupar un cargo, sino trabajar y encontrar respuestas para los problemas que estuvieran a su alcance. De aquella etapa rescataba especialmente el grupo que había formado junto a otros integrantes del organismo y destacaba la importancia que le daba a trabajar con honestidad.
Su personalidad también aparecía reflejada en aquella conversación. Se definía como una persona “medio cabeza dura” y señalaba que una de sus principales virtudes había sido “haber sido demasiado honesta en la tarea”. Según explicaba, esa forma de trabajar había generado diferencias, pero también era parte de la identidad con la que se reconocía.

Fuera de la actividad docente y política, la familia ocupaba un lugar central en su vida. “Mis nietos, tengo cinco. Me sacan lo que quieren”, respondía cuando le preguntaban por su mayor alegría. También señalaba que uno de sus sueños era realizar un viaje junto a toda su familia y que disfrutaba reunirse con sus seres queridos.
Con el paso de los años, además, había desarrollado una mirada crítica sobre los cambios que atravesaba Escobar una década y pico atrás. Se definía como una persona muy vinculada a la ciudad y recordaba con nostalgia los lugares que solía mostrar a sus amigos cuando visitaban el distrito. “Soy cuarta generación de escobarenses”, había contado en aquella entrevista.
Según versiones de allegados, su fallecimiento ocurrió esta madrugada, mientras dormía. Un desenlace totalmente inesperado para la vida de una vecina que supo dejar una huella, en algunos aspectos ejemplar, por donde anduvo.
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