“Protesta en el Puerto de Escobar”

SR. DIRECTOR: La Asociación Ambientalista Los Talares apoya plenamente la protesta en el puerto que se realizó el sábado 7. Estamos en contra de la construcción del puerto regasificador en Escobar, como muchos otros vecinos que manifestaron básicamente por el derecho de ser escuchados antes de la toma de decisiones que afectarán la vida de […]

SR. DIRECTOR:
La Asociación Ambientalista Los Talares apoya plenamente la protesta en el puerto que se realizó el sábado 7. Estamos en contra de la construcción del puerto regasificador en Escobar, como muchos otros vecinos que manifestaron básicamente por el derecho de ser escuchados antes de la toma de decisiones que afectarán la vida de muchas personas. Es un reclamo básico y legítimo cuando se propone vivir en democracia.
De haber podido opinar cuando era todavía un proyecto somos muchos los vecinos que podíamos haber aportado información sobre el valor ambiental del sistema de humedales que este proyecto ha afectado, y los aspectos peligrosos del mismo. Somos por lo menos estudiosos de los temas que afectan el equilibrio de la vida, y aquí voy a citar parcialmente a uno de nuestros referentes en los temas medioambientales, el Dr. Elio Brailovsky, con las siguientes reflexiones que hace sobre el tema energético en nuestro país.
Por un lado, es bueno que alguna vez alguna autoridad descubra que la ecuación energética tiene tanto oferta como demanda. En consecuencia, en vez de aumentar indefinidamente la producción de energía (con los conocidos impactos ambientales), se podría tratar de ahorrar en el consumo.
Pero se trata de una buena idea con una implementación extraordinariamente débil. Está claro que falta una reflexión sobre los mecanismos de despilfarro de energía en nuestra sociedad. Una breve recorrida por un shopping o un centro comercial nos mostrará bastante más que una cuestión de lamparitas. ¿Cuánta energía gastan las heladeras que no se cierran? ¿Y los comercios con aire acondicionado que no tienen puertas? ¿O el aire acondicionado de las habitaciones vacías de los hoteles? ¿Alguien calculó el ahorro de energía que representaría obligar a que todos los edificios que se construyen tengan ventanas que se abran?
Pero, además, tenemos formidables avances en el desarrollo de las tecnologías eólica y solar, tanto activa como pasiva, que parecen no ocupar ningún lugar en esta política energética.
Bastarían algunas modificaciones a los Códigos de Edificación de nuestras ciudades para estimular diseños adecuados a las condiciones bioclimáticas locales, que representen ahorros energéticos mucho más sustanciales que el cambio de las lamparitas. ¿Cuántos ventiladores o aires acondicionados ahorra un alero bien colocado (que haga sombra cuando se necesita) o una ventilación cruzada?
¿Cuánta energía ahorran cocinas y calefones solares? ¿Cuánta pérdida de energía ahorra un buen cerramiento? En la vivienda rural aislada, ¿para qué usar 220 voltios? ¿Por qué no pensar en cargadores eólicos de baterías (como las usadas en los camiones o los ómnibus, por ejemplo), que proporcionen los mismos servicios que la electricidad de red?
Y podríamos seguir indefinidamente hasta llegar a la conclusión de que el problema central no es energético sino institucional y hace a la calidad de las decisiones que se toman. Quienes decidieron (algunas) precarias medidas no pensaron en consultar a los científicos que hace muchos años vienen trabajando el tema. Y quienes conocen del tema aún no salieron a decir con claridad que se está perdiendo la oportunidad de una reflexión inteligente, con medidas mucho más útiles y efectivas.
De modo que lo importante es abrir un diálogo más amplio sobre la cuestión energética.
Por falta de diálogo con la comunidad, son muchas las decisiones que se están tomando que resultan en un detrimento de la calidad de vida en todas sus formas.  Queremos un diálogo responsable. Tenemos propuestas bien fundadas y queremos que nos las escuchen.
Korine Schultz
Vicepresidente de la Asociación Ambientalista Los Talares de Ingeniero Maschwitz

SR. DIRECTOR:

La Asociación Ambientalista Los Talares apoya plenamente la protesta en el puerto que se realizó el sábado 7. Estamos en contra de la construcción del puerto regasificador en Escobar, como muchos otros vecinos que manifestaron básicamente por el derecho de ser escuchados antes de la toma de decisiones que afectarán la vida de muchas personas. Es un reclamo básico y legítimo cuando se propone vivir en democracia.

De haber podido opinar cuando era todavía un proyecto somos muchos los vecinos que podíamos haber aportado información sobre el valor ambiental del sistema de humedales que este proyecto ha afectado, y los aspectos peligrosos del mismo. Somos por lo menos estudiosos de los temas que afectan el equilibrio de la vida, y aquí voy a citar parcialmente a uno de nuestros referentes en los temas medioambientales, el Dr. Elio Brailovsky, con las siguientes reflexiones que hace sobre el tema energético en nuestro país.

Por un lado, es bueno que alguna vez alguna autoridad descubra que la ecuación energética tiene tanto oferta como demanda. En consecuencia, en vez de aumentar indefinidamente la producción de energía (con los conocidos impactos ambientales), se podría tratar de ahorrar en el consumo.

Pero se trata de una buena idea con una implementación extraordinariamente débil. Está claro que falta una reflexión sobre los mecanismos de despilfarro de energía en nuestra sociedad. Una breve recorrida por un shopping o un centro comercial nos mostrará bastante más que una cuestión de lamparitas. ¿Cuánta energía gastan las heladeras que no se cierran? ¿Y los comercios con aire acondicionado que no tienen puertas? ¿O el aire acondicionado de las habitaciones vacías de los hoteles? ¿Alguien calculó el ahorro de energía que representaría obligar a que todos los edificios que se construyen tengan ventanas que se abran?

Pero, además, tenemos formidables avances en el desarrollo de las tecnologías eólica y solar, tanto activa como pasiva, que parecen no ocupar ningún lugar en esta política energética.

Bastarían algunas modificaciones a los Códigos de Edificación de nuestras ciudades para estimular diseños adecuados a las condiciones bioclimáticas locales, que representen ahorros energéticos mucho más sustanciales que el cambio de las lamparitas. ¿Cuántos ventiladores o aires acondicionados ahorra un alero bien colocado (que haga sombra cuando se necesita) o una ventilación cruzada?

¿Cuánta energía ahorran cocinas y calefones solares? ¿Cuánta pérdida de energía ahorra un buen cerramiento? En la vivienda rural aislada, ¿para qué usar 220 voltios? ¿Por qué no pensar en cargadores eólicos de baterías (como las usadas en los camiones o los ómnibus, por ejemplo), que proporcionen los mismos servicios que la electricidad de red?

Y podríamos seguir indefinidamente hasta llegar a la conclusión de que el problema central no es energético sino institucional y hace a la calidad de las decisiones que se toman. Quienes decidieron (algunas) precarias medidas no pensaron en consultar a los científicos que hace muchos años vienen trabajando el tema. Y quienes conocen del tema aún no salieron a decir con claridad que se está perdiendo la oportunidad de una reflexión inteligente, con medidas mucho más útiles y efectivas.

De modo que lo importante es abrir un diálogo más amplio sobre la cuestión energética.

Por falta de diálogo con la comunidad, son muchas las decisiones que se están tomando que resultan en un detrimento de la calidad de vida en todas sus formas.  Queremos un diálogo responsable. Tenemos propuestas bien fundadas y queremos que nos las escuchen.

Korine Schultz

Vicepresidente de la Asociación Ambientalista Los Talares de Ingeniero Maschwitz

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