Con gran alegría, los vecinos de Maschwitz inauguraron la bibliocabina de la plaza

La novedosa iniciativa no tiene precedentes en el país. “Esto tiene que ser un ejemplo”, expresó Jorge Croce, mentor de una idea que caló hondo en el pueblo de las artes.

Los vecinos se reunieron en torno a la antigua cabina telefónica para vivir y protagonizar un acontecimiento ejemplar.

Alegría, entusiasmo y orgullo fueron sensaciones comunes en el numeroso grupo de vecinos de Ingeniero Maschwitz que este domingo a la tarde se acercó a la plaza Emilio Mitre para participar en la inauguración de la novedosa bibliocabina pública, única en el país.

Tras ocho fines de semana de limpieza, pintura y arreglos varios, la antigua caseta telefónica de la plaza principal de la ciudad quedó convertida en una pequeña biblioteca pública y gratuita para toda la comunidad.

“El objetivo primordial no es la biblioteca, porque el pueblo ya tiene. Lo principal pasa por generar el cambio, que la gente entienda que los libros están para que se los lleven, que están gratis y que nadie los va a controlar. La idea es entusiasmar a la gente para que los lea y los devuelva”, expresó a EL DIA de Escobar el ingeniero en sistemas Jorge Croce (38), pionero de este proyecto sociocultural que caló hondo en el pueblo de las artes.

En ese sentido, muchas personas entregaron su tiempo libre a la restauración de la abandonada cabina londinense y otras tantas colaboraron con la entrega de material bibliográfico. Además, la fan page de la bibliocabina ya cuenta con más de dos mil seguidores.

Funcionará todos los días, desde el momento mismo en que un primer vecino abra la puerta con llave hasta que otro la cierre entrada la noche. Las llaves se consiguen a $15 en una herrería de la calle Maipú. El procedimiento para usarla es muy fácil y se sintetiza en una secuencia de cinco pasos: entrar, elegir, leer, devolver y compartir. En sus cinco estantes hay unos 200 libros, tanto para adultos como para chicos.

Jorge Croce, mentor de la bibliocabina de Maschwitz.

“Una amiga alemana me contó que fue a una playa uruguaya en la que había una cabinita con libros y me encantó la idea. Yo siempre veía la cabina abandonada y decía ‘Acá tenemos que hacer algo’. Tiré la idea en Facebook y estos locos dijeron ‘vamos a probar’”, explica Croce sobre la gestación de una idea sin precedentes en el país.

Por largos años la vieja caseta telefónica de la plaza de Maschwitz -importada desde Inglaterra a fines de los noventa- fue objeto del vandalismo. Pero Croce confía en la madurez y la responsabilidad de los vecinos para mantener a salvo la bibliocabina.

“Queríamos cambiar la cabeza de los chicos que pueden llegar a romper la biblioteca, pero la verdad la que más nos está costando cambiar es la de la gente que dice que no va a funcionar, que no tiene sentido, que es una boludez. A esa gente le queremos decir que se puede, que hay que animarse y que ya es un hecho. Esto tiene que ser un ejemplo”, afirma.

Y vaya si será un ejemplo, que tras dos meses de ardua labor, sin ningún tipo de ayuda económica, bandera o consigna política, este grupo de vecinos pudo concretar un proyecto tan destacable como ambicioso y sin copia alguna en el territorio argentino.

Larga vida a la bibliocabina.

Por Damián Fernández

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