Un fenómeno diferente y pintoresco sucede por estos días en la plaza central de Belén de Escobar. Haciendo un llamativo contraste con el verde del pasto, aparece una especie de nieve fuera de temporada, y de territorio. Los chicos la descubren enseguida: la pisan, la levantan, corren detrás de los copitos que lleva el viento. De cerca y al tacto, se asemeja al algodón. La escena es tan particular que el paisaje se transforma extrañamente.
Sin embargo, el encanto no es tal para quienes sufren alergias. Algunos prefieren evitar acercarse o se mantienen en alerta ante una sustancia cuya naturaleza despierta dudas: ¿qué es exactamente?, ¿qué puede provocar en las vías respiratorias o en la piel? Más aún en una época sensible para los alérgicos como la primavera.

El origen de ese material algodonoso son los palos borrachos enormes que atraviesan la plaza desde Tapia de Cruz hacia Estrada. Son aproximadamente una docena. Y lo que ahora cae de sus copas se denomina “paina”.
El palo borracho produce grandes flores rosadas durante los meses cálidos, especialmente desde fines del verano y durante el otoño. Después desarrolla unos frutos alargados, dentro de los cuales maduran las semillas. Cada semilla está rodeada por una fibra blanca, liviana y sedosa. Cuando el fruto se abre, esa fibra queda libre y el viento la transporta junto con las semillas. Entonces aparece la escena actual: parte de la plaza San Martín cubierta de blanco. La paina cumple una función muy concreta: ayudar a dispersar las semillas.

En relación con el peligro que podría representar para los alérgicos, la respuesta es tranquilizadora. Hasta donde llega la evidencia encontrada, la fibra de palo borracho está descripta como hipoalergénica. Eso no significa que una fibra vegetal que entra en contacto con los ojos, la nariz o la garganta no pueda resultar molesta o irritante; significa que no hay que confundir esa eventual irritación con una alergia provocada por un alérgeno específico de la fibra.
Además, es importante considerar que la paina no es polen. Para entender mejor la diferencia, alcanza con mirar unas pocas cuadras más allá. Sobre la calle Rivadavia, los plátanos forman parte también del paisaje urbano. Y en este caso sí existe evidencia científica clara acerca de su relación con las alergias.

El polen de los plátanos está reconocido como altamente alergénico. Estudios realizados en ciudades argentinas encontraron que su polen aparece en el aire principalmente durante la primavera y puede alcanzar concentraciones importantes. Incluso los pelos asociados a los frutos del plátano están descriptos en bibliografía botánica como alergógenos.
Pero en este caso, los palos borrachos simplemente están repitiendo un ciclo que forma parte de su naturaleza, y que ocurre en esta plaza hace más de un siglo; son de los primeros árboles que se plantaron, ya aparecen como ejemplares jóvenes en una fotografía de alrededor de 1920.

Primero, las flores. Después, los frutos. Y cuando esos frutos maduran y se abren, las semillas emprenden viaje envueltas en una pequeña estructura algodonosa. Así, los doce gigantes de la plaza San Martín regalan un paisaje para contemplar.
La buena noticia: se puede tocar. Una manera vistosa que tienen estos viejos árboles para recordarnos que, con imaginación, en la primavera escobarense hasta se puede ver nevar.

















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