Las modas pasan, hay cambios generacionales y las costumbres mutan de acuerdo a los gustos. Sin embargo, hay algo que viene resistiendo décadas y que cada vez despierta más interés, hasta generar un verdadero boom cada cuatro años, tanto en grandes como en chicos.
A medida que se va aproximando un nuevo Mundial de Fútbol, la “fiebre de las figuritas” va en aumento. Los kioscos van poniendo carteles de promoción y hasta los más renombrados supermercados venden paquetes en sus líneas de cajas. Es que llenar un álbum con cada jugador de las selecciones participantes se vuelve un verdadero hobby para los amantes del fútbol, sin distinción de género.

Para esta Copa 2026 la venta de paquetes empezó justo un mes antes del partido inaugural, que será el jueves 11 de junio en México. Las ventas se dispararon rápidamente. En Escobar, muchos kioscos se quedaron sin stock, a tal punto que se hizo lenta la espera para poder reponer. Los supermercados que las ofrecían (hasta con un álbum de regalo comprando un mínimo de 20 paquetes) anunciaron que cesaban con esa venta por la alta demanda y poca distribución del producto.
En redes sociales se armaron decenas de grupos tratando de organizar juntadas para intercambiar. Como en otras localidades del distrito, hay algunos puntos fijos de canje: los sábados por la tarde suelen reunirse coleccionistas en la esquina de Tapia de Cruz y Colón, en la plaza San Martín, en el parque del hipermercado de ruta 25 y Panamericana, y en un local partidario (Estrada y Mitre). Todos organizan el cambio de figuritas repetidas, como una reunión impostergable y muy esperada.

Todo sea por tratar de llenar los 980 lugares. Este año son más debido a la participación de 48 selecciones. Cada una tiene 20 figuras para pegar, entre futbolistas, escudos y la foto de la formación. Además, esta edición, siempre a cargo de la empresa Panini, incluye a los equipos campeones de los 22 mundiales disputados y una sección auspiciada por la gaseosa más famosa, donde hay 14 figuras que solo se consiguen canjeando dos tapas de una bebida.
En lo que es el álbum más difícil de llenar de la historia de los mundiales, por la gran cantidad de figuritas que tiene, todo vale: comprar sobres, llevar al colegio, cambiar con compañeros, pactar encuentros a través de las redes o juntarse los sábados en el centro de la ciudad.

Un fenómeno que se repite desde hace décadas
Este entretenimiento no es algo nuevo. Entre la década del ‘70 y ‘80 existía una colección llamada Reino Animal, donde había una figurita difícil, casi imposible de conseguir: la “tarántula”. El premio era una pelota de fútbol de cuero para aquellos que lo llenaban. Una recompensa que valía el esfuerzo de comprar sobres para ver si salía el dichoso arácnido de una vez por todas.
Así existieron muchos álbumes, aunque siempre han sido los mundialistas los que más se robaron la atención. El de Italia ‘90 causó furor (también daba una pelota como premio) y todos buscaban la “figu” de Diego Maradona, que cuatro años antes había sido el gran héroe nacional en el recordado México ‘86.

Así fueron pasando los álbumes de los mundiales, algunos con más interés que otros, hasta que en Brasil 2014 esa euforia de los argentinos se encendió con todo otra vez. En ese entonces, en Escobar se empezaron a armar lugares de encuentro para intercambiar. En aquella colección había 639 figuritas para completar y no era nada sencillo tener todas, pero a través de los canjes los chicos llegaban a cumplir gran parte del objetivo.
Como si hubiese sido una premonición del título de Argentina, en Qatar 2022 se produjo el verdadero auge de las figuritas. Antes de su lanzamiento había una demanda enorme en los kioscos. El número de figuras cuatro años atrás era de 750, entre selecciones, escudos, estadios, hologramas y murales de mundiales pasados. Otro sacrificio que valió la pena, teniendo la satisfacción de, al fin, ver a Messi campeón.
Al fin y al cabo, se trata de un entretenimiento que se da cada cuatro años, fomenta la reunión, los tratos cara a cara y une a generaciones. Por un rato, la adictiva tecnología da lugar a esos rectángulos de papel autoadhesivos que pasan a ser un tesoro. Como en la época en que no existían los celulares y llenar un álbum era la mayor felicidad que podía haber.

















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