Cuando el talento emociona

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Con dirección de Miguel Cavia, presentaron en el teatro municipal de Escobar la obra “Por tu Padre”.

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En el marco de una gira que abarca todo el país, Federico Luppi y Adrián Navarro se presentaron este viernes a la noche en el teatro municipal de Escobar con la obra “Por tu Padre”, del autor brasilero Dib Carneiro Neto y dirigida por Miguel Cavia.
Una platea no muy numerosa pudo disfrutar de una noche de teatro para no olvidar, con actuaciones superlativas de ambos actores, pero sobre todo con la experiencia y sabiduría volcada en las tablas de Federico Luppi, uno de los actores más representativos y destacados que ha tenido nuestro país en el ámbito nacional e internacional y que con los años sigue manteniendo su talento intacto.
La historia transcurre en su totalidad en una iglesia donde se realiza la misa de cuerpo presente del familiar de un joven de unos 40 años (Navarro), que mientras espera en el lugar se  enfrenta al socio comercial de su padre y a su padre mismo (ambos encarnados por Luppi), en diálogos de alto contenido emotivo que van descubriendo verdades que se mantuvieron ocultas por casi 30 años y donde la visión que él tuvo a sus 12 años tal vez estaba muy lejos de la realidad.
Lo interesante del libro es que lleva al espectador a la tarea de averiguar quién es quién, quién murió y quién no.
Como dato anecdótico a la hora de hablar de las actuaciones, Luppi demostró con creces lo bien ganada que tiene su reputación de “gran puteador”, porque cuando lo hace el público no siente que esté ante un choque ni una vulgaridad, simplemente da la impresión de que esas palabras van precisamente allí y con el énfasis que él les impone.
Anécdota al margen,  lo realmente importante es el compromiso y el trabajo actoral que ambos actores vuelcan en el escenario, realzando notoriamente el valor de la obra y aportando lo suyo para que las críticas tengan una repercusión excelente.
Si bien la sala del Tomás Seminari no estuvo llena a pesar de la calidad del espectáculo, seguramente que los espectadores se fueron con el alma llena de buen teatro y siempre es importante para la sociedad que exista esta diversidad en la oferta, fuera de lo popular o impopular que resulte.
Por Héctor O. Sánchez
La historia, cargada de diálogos intensos, transcurre en una capilla ardiente.

La historia, cargada de diálogos intensos, transcurre en una capilla ardiente.

En el marco de una gira que abarca todo el país, Federico Luppi y Adrián Navarro se presentaron este viernes a la noche en el teatro municipal de Escobar con la obra “Por tu Padre”, del autor brasilero Dib Carneiro Neto y dirigida por Miguel Cavia.

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Una platea no muy numerosa pudo disfrutar de una noche de teatro para no olvidar, con actuaciones superlativas de ambos actores, pero sobre todo con la experiencia y sabiduría volcada en las tablas de Federico Luppi, uno de los actores más representativos y destacados que ha tenido nuestro país en el ámbito nacional e internacional y que con los años sigue manteniendo su talento intacto.

La historia transcurre en su totalidad en una iglesia donde se realiza la misa de cuerpo presente del familiar de un joven de unos 40 años (Navarro), que mientras espera en el lugar se  enfrenta al socio comercial de su padre y a su padre mismo (ambos encarnados por Luppi), en diálogos de alto contenido emotivo que van descubriendo verdades que se mantuvieron ocultas por casi 30 años y donde la visión que él tuvo a sus 12 años tal vez estaba muy lejos de la realidad.

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Lo interesante del libro es que lleva al espectador a la tarea de averiguar quién es quién, quién murió y quién no.

Como dato anecdótico a la hora de hablar de las actuaciones, Luppi demostró con creces lo bien ganada que tiene su reputación de “gran puteador”, porque cuando lo hace el público no siente que esté ante un choque ni una vulgaridad, simplemente da la impresión de que esas palabras van precisamente allí y con el énfasis que él les impone.

Anécdota al margen,  lo realmente importante es el compromiso y el trabajo actoral que ambos actores vuelcan en el escenario, realzando notoriamente el valor de la obra y aportando lo suyo para que las críticas tengan una repercusión excelente.

Si bien la sala del Tomás Seminari no estuvo llena a pesar de la calidad del espectáculo, seguramente que los espectadores se fueron con el alma llena de buen teatro y siempre es importante para la sociedad que exista esta diversidad en la oferta, fuera de lo popular o impopular que resulte.

Por Héctor O. Sánchez

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