Han pasado 56 años, pero en la memoria de los escobarenses todavía aparecen fragmentos de aquella mañana del jueves 18 de junio de 1970, en la que un estallido cambió el ritmo habitual del pueblo. No se trató de un ruido aislado ni de un hecho menor: fue una explosión industrial de gran magnitud que se sintió a varios kilómetros a la redonda y dejó una marca persistente en quienes la vivieron.
La detonación se originó minutos antes de las 9 de la mañana en la planta de productos químicos Parke Davis Argentina, donde la ruptura de un reactor provocó la destrucción de gran parte del establecimiento, ubicado en el kilómetro 51,500 de la Panamericana. El episodio dejó un saldo de cuatro operarios fallecidos y quince personas heridas.

La magnitud del estallido generó una onda expansiva que se sintió en distintos lugares. En la empresa Hughes Tool Company, dedicada a la fabricación de trépanos para la industria petrolera y ubicada en el kilómetro 52.300, los vidrios de una oficina explotaron y los fragmentos cayeron sobre el escritorio de Miguel De Domenici, quien trabajaba en el lugar. “Fue algo terrible, jamás me lo olvidé”, recordó en testimonios recopilados por la revista local DIA 32.
El impacto también alcanzó a viviendas, comercios y colegios. “Estaba en la vieja escuela técnica, entre Tapia de Cruz y Sarmiento. Teníamos taller, cuando de pronto se escuchó una explosión. Tembló el taller, los hierros, caños que estaban en el techo empezaron a caer al piso… Corrimos todos al exterior, algunos golpeados, miramos a todos lados y se vio una columna de humo hacia Parke Davis. Algunos chicos se fueron a sus casas porque sabían que sus papás trabajaban ahí, muy triste todo”, revivió Juanjo Colonna.

Aunque con matices, todos los relatos de vecinos que vivieron el episodio coinciden en hablar de un estallido seco, vibraciones y una nube visible desde distintos barrios. En un primer momento, nadie sabía bien qué pasaba. Con el correr de las horas, la conmoción fue total. Incluso, los medios de comunicación nacionales de esa época se hicieron eco de la noticia.
“En ese entonces trabajaba en la fábrica J. Stone, recuerdo que se sacudieron las chapas del techo, fue feo”, comentó Jorge Corigliano. Asimismo, Cristina Zach relató que estaba en el Instituto Secundario General Belgrano cuando “con la explosión se abrieron las puertas de los salones”.

“Era una mañana muy fría, pero con sol. Estábamos en clase en el colegio San Vicente cuando una gran explosión casi nos corrió de lugar en el aula”, contó Gustavo Briglia.
Susana Vidal, que vivía en el chalet de la fábrica D’Acunto, sobre la calle Sarmiento, también fue rememoró la explosión. “Había dos campos de por medio y las vías del ferrocarril, pero estábamos a la misma altura de Parke Davis. En casa y en la fábrica estallaron todos los vidrios y en mi habitación se vino abajo la lámpara del techo. Yo estaba sentada en la cama a dos pasos de la misma, si me hubiera parado en ese momento, tal vez hoy no lo podía contar. La onda expansiva fue terrible. Una gran tragedia que enlutó a nuestra ciudad”.
El relato de un bombero
El ex bombero voluntario Gustavo Rodríguez reconstruyó su llegada a la planta tras la explosión de 1970, en una nota publicada por DIA 32 en junio de 2020. Tenía 22 años y dormía en el cuartel de Belén de Escobar cuando una fuerte sacudida lo despertó aquella mañana. Los teléfonos no paraban de sonar y las primeras versiones hablaban de “una explosión en la zona de la Panamericana”.
Cuando la primera dotación cruzó el paso a nivel de la calle Estrada, quienes iban en ella no daban crédito a sus ojos: “Se veía un hongo color naranja del polvo de ladrillos, una nube. Llegamos y la calle estaba llena de escombros. Nos pusimos a apagar la pila de tambores, que tenían solventes como alcoholes, ácidos y metanol”, recordó en aquella entrevista. Entre los primeros bomberos que llegaron en la autobomba KB5 estaban los vecinos Daniel Larghi, Carlos Ranne y Mario Wasserman.

El operativo se desplegó con la intervención de bomberos voluntarios de Escobar y de cuarteles de la región, entre ellos Campana, Zárate, Pilar, Exaltación de la Cruz, San Martín y Villa Ballester, convocados ante la gran magnitud del siniestro.
El trabajo se centró en controlar incendios y asistir en las tareas de rescate dentro de un predio completamente destruido. El dramático suceso dejó un saldo de cuatro escobarenses fallecidos: Tomás Irure, Fernando Paolini, Carlos Benn y Héctor Ricardo Demarco. Además, quince personas resultaron heridas de distinta gravedad.

Las causas del colapso
Las pericias técnicas posteriores determinaron el origen del colapso de la planta. El proceso se inició durante la elaboración de cloromicetina, un antibiótico que requería un estricto control de temperatura en su proceso químico. La producción se realizaba dentro de un reactor de doble fondo, un sistema compuesto por un recipiente interno y otro externo, donde circulaba alcohol etílico como refrigerante para estabilizar la mezcla.
“Aparentemente se perforó el recipiente de adentro y, en consecuencia, se generó una reacción química que produjo la explosión del reactor”, amplió Rodríguez.

Memoria colectiva
Con el paso del tiempo, la explosión de Parke Davis quedó incorporada a la memoria social de Belén de Escobar. Los testimonios se repiten en cada aniversario: quienes estaban en escuelas, quienes sintieron el temblor en sus trabajos y quienes llegaron después al lugar para asistir o ayudar.
Más allá de las diferencias en los recuerdos, persiste una imagen compartida: la de una mañana en la que Escobar se detuvo por completo ante un estallido que marcó a varias generaciones. A 56 años, aquel episodio sigue presente en la memoria colectiva como uno de los hechos más impactantes de la historia local.


















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