Falleció Héctor “Pocho” Caña, un histórico diariero del centro de Escobar

Tenía 71 años y estaba por cumplir cuatro décadas en la esquina de Mitre y Tapia de Cruz. Su muerte ocurrió mientras dormía, a causa de un infarto.

Héctor Ismael Caña, diariero del centro de Escobar.

Una triste noticia sacudió esta mañana a muchos vecinos de Belén de Escobar: el fallecimiento de Héctor Ismael Caña, uno de los diarieros más antiguos y conocidos de la ciudad. Tenía 71 años y sufrió un infarto en su domicilio.

Durante casi cuatro décadas, “Pocho”, como todos lo llamaban, estuvo al frente del puesto de diarios y revistas ubicado sobre la calle Mitre al 600, a metros de la avenida Tapia de Cruz, donde construyó un vínculo cotidiano con generaciones de vecinos.

Según pudo saber El Día de Escobar, Caña sufrió un infarto mientras descansaba en su vivienda, ubicada en Italia y Mitre. Recientemente también había atravesado una operación de riñón, aunque hasta el día anterior continuó trabajando en el puesto que atendió durante gran parte de su vida.

Caña estaba casado con Alicia Van de Velde y tenía dos hijos, Ezequiel y Juliana. Su historia como diariero comenzó el 1° de diciembre de 1986, cuando se hizo cargo del puesto que había pertenecido a su suegro, Víctor Manuel “Carlitos” Van de Velde.

En una entrevista publicada en diciembre de 2011 por DIA 32 – La Revista de Escobar, al cumplir 25 años en el oficio, “Pocho” contaba que su día de trabajo comenzaba a las cuatro de la mañana, cuando se comunicaba con el distribuidor para saber cuándo llegaría el camión con los diarios y revistas.

Sobre este oficio, al que dedicó buena parte de su vida, reconocía: “Es muy esclavizante, pero no me quejo, porque tuve sus frutos en relativamente poco tiempo”. También contaba que en 25 años apenas había logrado tomarse dos días y medio de descanso.

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“Pocho” Caña en su kiosco de diarios y revistas de  Mitre y Tapia de Cruz.
Sonriente. “Pocho” Caña en su kiosco de diarios y revistas de Mitre y Tapia de Cruz.

La entrevista también permitió conocer cómo había cambiado el negocio durante ese cuarto de siglo. Caña señalaba que las ventas habían caído y que muchos títulos de revistas habían desaparecido, mientras Internet comenzaba a modificar los hábitos de quienes buscaban información.

Mucho tiene que ver Internet, sobre todo en estos dos últimos años. Con las revistas pasó lo mismo”, explicaba en aquella charla. Sin embargo, diferenciaba ese comportamiento según las edades: mientras los jóvenes prácticamente habían dejado de acercarse a los kioscos, sostenía que muchos adultos mayores seguían comprando diarios porque disfrutaban “sentir el papel, el olor, la tinta”.

También hablaba de la relación con sus clientes, que había cambiado con el paso de los años. “La gente ahora vive muy acelerada. Antes el cliente venía y charlaba un rato con vos”, recordaba. Aun así, conservaba clientes de larga data, como un vecino que llevaba 25 años comprándole La Nación y El Gráfico.

Caña tampoco ocultaba su mirada sobre la profesión. Aunque reconocía sentirse por momentos “atado” al puesto, aseguraba que no se arrepentía y que pensaba seguir adelante hasta donde pudiera. Antes de dedicarse al kiosco, había trabajado durante nueve años en un autoradio, una experiencia que, según contaba, le había servido para aprender distintos oficios y reparaciones.

Héctor "Pocho" Caña
Años atrás. Una de las fotografías que acompañó la entrevista que le hizo la revista DIA 32, en 2011.

El recuerdo de “Pocho” Caña

La noticia de su muerte generó tristeza entre vecinos, clientes, amigos y personas que compartieron con él distintas etapas de su vida. Entre los mensajes de despedida que circularon en las redes sociales estuvo el del intendente Ariel Sujarchuk, quien recordó la relación que mantuvo con Caña durante años.

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Pocho, querido amigo, te fuiste de repente, cuando menos lo esperábamos”, escribió Sujarchuk. En su mensaje destacó los momentos compartidos y, especialmente, la sonrisa que lo caracterizaba.

El intendente también remarcó el lugar que Caña ocupó durante décadas en la vida cotidiana de Escobar. “Desde su quiosco de Mitre y Tapia de Cruz repartió diarios, revistas, pero sobre todo sonrisas, anécdotas, charlas interminables y hermosas”, expresó.

Su hijo, Ezequiel Caña, respondió al mensaje y agradeció las palabras de Sujarchuk: “Mi viejo te apreciaba mucho. Espero que sigas haciendo todo lo posible para que Escobar crezca y siga lindo, como siempre él te pedía”.

Los vecinos también dejaron numerosos mensajes para despedirlo. Fabiana Ferrero lo recordó como su vecino de muchos años y destacó que siempre estaba atento a las necesidades de su madre.

Siempre una sonrisa”, escribió Matías Alarcón, mientras que María Cecilia Filippa contó que durante años le compraba revistas y que Caña incluso recordaba cuáles llevaba cada semana.

La despedida también quedó plasmada en el lugar que ocupó durante casi cuatro décadas. Un cartel colocado sobre las puertas del puesto anuncia “cerrado por duelo”, una imagen que marca la ausencia de una presencia habitual de la esquina de Mitre y Tapia de Cruz.

Sus restos serán despedidos este miércoles en la Cochería Casino, ubicada en avenida San Martín 472, Belén de Escobar. El velorio durará tres horas: de 17 a 20.

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