Desde hace más de dos semanas, el Municipio mantiene clausurada la construcción de un edificio de cuatro pisos ubicado a una cuadra de la plaza principal de Belén de Escobar. El motivo: el desarrollador estaba construyendo un quinto piso no declarado -y, por ende, sin autorización- en los planos del proyecto.
Por tratarse de uno de los emprendimientos inmobiliarios más importantes que se está llevando a cabo en la ciudad, así como por su céntrica ubicación, es un tema que adquirió una especial relevancia. El desarrollo se encuentra a cargo del arquitecto escobarense Pablo Sangiuliano y de la firma AHRSAN S.A. Sangiuliano, además, es desde hace ocho años el presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Escobar.
La construcción, situada en la esquina de Estrada y Mitre, comenzó en marzo del año pasado, cuando se demolió la centenaria casona existente. El proyecto original, que autorizó el Municipio, contemplaba cuatro niveles destinados a quince viviendas multifamiliares de dos y tres ambientes y cinco oficinas.
La planta baja se destinaría a dos locales comerciales, mientras que en el subsuelo se realizaría una cochera con capacidad para 13 vehículos. En el nivel superior, en tanto, estaba prevista una terraza accesible y descubierta, concebida como espacio común. Sin embargo, el estudio de arquitectura responsable de la obra habría decidido incumplir este último punto para construir un piso más.

Una inspección realizada por personal de la Secretaría de Obras Particulares el lunes 30 de marzo detectó la ejecución de un quinto piso con superficie cubierta, de entre 50 y 100 metros cuadrados, no contemplado en los planos aprobados. A partir de esa irregularidad, los agentes municipales clausuraron la obra y colocaron fajas de seguridad en el acceso principal, sobre la calle Mitre al 700.
Asimismo, las autoridades intimaron a los responsables de la obra a cesar toda actividad y a regularizar su situación ante la Secretaría Contravencional. Pero, más de quince días de la clausura, la construcción sigue paralizada. Desde el Ejecutivo, ante la consulta de El Día de Escobar sobre esta situación, informaron que el desarrollador hizo una presentación, aunque aclararon que “no efectuó un descargo formal”, por lo que la situación administrativa del expediente continúa abierta.

Además, indicaron que el monto de la multa todavía no se definió y que “dependerá de si el responsable subsana las irregularidades detectadas”. En paralelo, el Municipio analiza los pasos a seguir respecto de la estructura construida por fuera de lo autorizado.
“Está en análisis la definición sobre si corresponde o no la demolición de la estructura iniciada en el quinto piso”, señalaron. Esta decisión dependerá de criterios técnicos y administrativos.

El caso generó una lógica inquietud entre los vecinos. En los últimos días, algunos frentistas aseguraron en las redes sociales de este medio la presunta continuidad de actividades en el inmueble. Una de ellas fue Vanina Pagano, quien señaló: “El cartel está, pero siguen construyendo”.
Otra vecina, Marta González, sostuvo: “Ayer y hoy estaban trabajando”, en referencia a la presunta continuidad de la construcción. También se vio a personas de la empresa desarrolladora retirando materiales del lugar, lo que podría implicar una presunta violación de la clausura dispuesta por la autoridad municipal.

La casona demolida, un símbolo perdido
En el terreno donde hoy se levanta este edificio había una casona centenaria que formaba parte del patrimonio arquitectónico de Belén de Escobar. El inmueble, que perteneció a la familia Migoya, había sido vendido en 2022 y su demolición se concretó en pocos días para dar lugar al actual desarrollo inmobiliario.
La construcción se destacaba por su estilo neoclásico, con molduras decorativas en los dinteles y la cornisa, además de ventanas altas con rejas de hierro forjado y marcos ornamentales. En su interior contaba con un patio donde, tiempo atrás, había un molino, lo que reforzaba su valor histórico y simbólico para la ciudad.

A lo largo de los años, la propiedad tuvo distintos usos: en el pasado funcionó allí un boticario y también una perfumería. Para muchos vecinos, era una referencia tradicional del centro escobarense.
Su demolición reavivó el debate sobre la falta de políticas de preservación del patrimonio urbano en el distrito, en un contexto donde varias construcciones históricas han sido reemplazadas por emprendimientos inmobiliarios en altura.


















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