Inspirado en la estética y la filosofía de la cultura japonesa, el Jardín Japonés de Escobar combina armonía, naturaleza y contemplación en uno de los espacios verdes más emblemáticos de la ciudad. En esta temporada de vacaciones de verano, este tradicional parque se reafirma como una alternativa accesible para vecinos, familias y turistas que buscan un respiro natural en pleno entorno urbano.
Ubicado en la intersección de las calles Alberdi y Spadaccini, el parque ofrece un recorrido que combina paisajismo oriental, tranquilidad y contacto directo con la cultura japonesa. Su lago con peces de colores, cascadas, puentes, farolas de piedra y frondosa vegetación lo convierten en un punto de visita obligado durante el receso estival.

Actualmente, la entrada general para mayores de 18 años tiene un valor de $2.700, mientras que los menores de entre 5 y 17 años abonan $2.000. En tanto, menores de 5 años, jubilados y personas con discapacidad ingresan sin cargo.
El Jardín Japonés abre sus puertas de martes a domingos, de 10 a 18 horas. Para visitarlo no se requiere inscripción previa: las entradas se adquieren el mismo día en la boletería del lugar. Los medios de pago habilitados son efectivo, tarjetas y código QR.

Además, mensualmente se realizan visitas guiadas que proponen conocer y descubrir todas las curiosidades de este atractivo espacio. Las personas interesadas deben inscribirse por correo electrónico a turismo@escobar.gob.ar o a vía WhatsApp al 11-3536-6096.
Con una superficie de 2.500 metros cuadrados, el Jardín Japonés es un lugar que invita a recorrer sin apuro, descansar bajo la sombra de sus árboles, sacar fotografías, compartir un mate o simplemente desconectarse del ritmo cotidiano, consolidándose como un buen plan para disfrutar del verano en Escobar.

Historia de un lugar emblemático
El Jardín Japonés se inauguró el 4 de octubre de 1969. La colectividad de ese país asiático quiso hacerle un regalo al partido de Escobar por la cálida acogida recibida durante la masiva inmigración ocurrida cuatro décadas atrás. En esa época la Intendencia estaba a cargo del ingeniero Alberto Ferrari Marín.
Así, con paquete y moño, Escobar recibió uno de los quinientos jardines japoneses públicos que existen en el mundo y el único de la provincia de Buenos Aires. Un espacio zen de meditación y profundo contacto con la naturaleza.

El estilo del jardín es llamado Ikeniwa, que quiere decir “lago y piedra”. En escala reducida, representa a todos los componentes de la naturaleza. Además de esos dos elementos, también tiene vegetación y peces.
Las piedras fueron traídas del río Anisacate de Córdoba, en La Bolsa, y transportadas a Escobar en ferrocarril y camiones. De picar y tallar los bloques de granito que se ven en el lago se encargaron los presos de la cárcel de Sierra Chica.
Los peces koi fueron donados por un senador japonés y enviados al país en avión, en tubos de polietileno con oxígeno.
El puente ondulado con la baranda roja que atraviesa el lago fue construido a mano por un carpintero japonés. Se llama El Puente de Dios, porque dicen que “conduce al paraíso”.


















0 comentarios