La muerte del oficial escobarense Santiago Miguel Oleksiuk (27), asesinado el lunes a la madrugada durante un operativo policial en la Villa 18 del partido de San Martín, continúa generando un fuerte impacto. Luego de las declaraciones públicas de su padre a un canal de noticias, su madre, Mariana Serrallonga, quien rompió el silencio para dar su testimonio y visibilizar lo que considera graves falencias estructurales en el funcionamiento de la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas (UTOI), a la que pertenecía su hijo.
“Quiero que se sepa quién era mi hijo, cómo murió y en qué condiciones trabajan estos chicos de la UTOI”, expresó Serrallonga a El Día de Escobar. La mujer contó que su última conversación con él fue el domingo 4, horas antes del operativo. “Me llamó para decirme que le habían cambiado el horario y que tenía 48 horas de trabajo por 96 de descanso, por lo que iba a estar bien. También me preguntó si el miércoles nos veíamos. Le dije que sí, que iba a comprar una carne para hacerla al horno y compartir en familia. Al otro día, a la madrugada, murió”.
Serrallonga sostuvo que el procedimiento se desarrolló en un área que debía estar previamente custodiada por otras fuerzas. “Era una zona liberada, que debía haber estado custodiada por otras fuerzas que están designadas para los distintos pasillos de la Villa 18. De repente no había nadie custodiándola y los enviaron a mi hijo y a sus compañeros”, señaló.
Durante el avance por uno de los pasillos, Oleksiuk y sus compañeros detectaron a un hombre armado con chaleco antibalas que se dio a la fuga. “Ellos son UTOI, van al frente. Lo persiguieron y ahí los estaban esperando”, afirmó.

La mujer sostuvo que el ataque no fue fortuito. “Esto estaba preparado. Funcionaba un búnker detrás de una puerta y cuando entraron abrieron fuego”, aseguró. En el enfrentamiento, el policía escobarense y sus compañeros repelieron la agresión, logrando abatir a uno de los atacantes y herir a otro, quien posteriormente efectuó el disparo mortal.
Con base en información confirmada en la fiscalía, Serrallonga precisó que su hijo recibió cuatro disparos: uno en el muslo, uno en el brazo, uno en el cuello y el tiro fatal en la axila, que le provocó un paro cardiorrespiratorio. En la entrevista que dio a La Nación+, el padre de Santiago, Fabián Oleksiuk, afirmó que le habían disparado “17 veces”. Al parecer, se trató de una información incorrecta que circuló en las primeras horas posteriores al trágico hecho.
Después de haber sido notificada de la muerte de Santiago, Serrallonga tuvo que atravesar otro momento de indescriptible dolor: reconocer el cuerpo en la morgue. “Pude abrazar a mi hijo en el estado en que estaba. Es muy crudo, pero es la realidad. A mí me mataron en vida. Me arrebataron a mi hijo y con él una parte de mi alma”, expresó.
Visiblemente quebrada, la mujer hizo hincapié en las condiciones en las que trabajan los efectivos policiales. “Mi hijo tenía que comprarse las balas porque no había. Cobraba un millón cien mil pesos y dependía de nosotros. Yo le pagaba hasta las fotos carné para poder ascender”, reveló. También señaló que el arma reglamentaria de Santiago “no funcionaba correctamente” y que los chalecos “no estaban en condiciones”.

“Estos chicos no están detrás de un escritorio. Van al frente, sin armas acordes, sin chalecos en condiciones y sin contención psicológica”, afirmó. En ese sentido, pidió que su testimonio sirva para visibilizar una problemática más amplia: “No son cosas, son personas. Detrás de cada uniforme hay una familia”.
El fallecimiento de Oleksiuk generó una profunda conmoción en Belén de Escobar, donde era muy querido. En su niñez concurrió al Instituto General Belgrano y en la adolescencia cursó sus estudios secundarios en la Escuela Técnica Nº1. Compañeros de la fuerza, familiares y amigos lo despidieron con honores, en un concurrido velatorio que tuvo lugar en una cochería de la avenida San Martín, desde donde sus restos fueron llevados a un cementerio parque de la ciudad. “Mi hijo era vocación pura. La UTOI de San Martín era su segunda casa. Amaba a sus compañeros, llevaba el uniforme con orgullo y quería cuidar a los demás”, afirmó su madre.
También relató un momento de fuerte incomodidad durante el velatorio. “El intendente de San Martín tuvo el tupé de acercarse al féretro de mi hijo y decirme: ‘Gracias, señora, por haber entregado un héroe’. Yo no le entregué nada a nadie. Mi hijo eligió ser policía por vocación”, enfatizó, molesta.
Mariana Serrallonga es docente. Trabaja hace casi 30 años en el nivel primario. Además, es profesora de enseñanza especial en contextos de encierro. “Yo también soy una agente de este Estado asqueroso. Tenemos años de corrupción debido al gobierno que teníamos, debido a que la provincia de Buenos Aires está gobernada por un inútil y que La Matanza y San Martín son la sucursal de lo que era en su momento Rosario, porque mandaron a todos para este lado”, cuestionó.

En otro pasaje de la entrevista, contó que su hijo menor, de 16 años, también quiere ser policía: “Para él, su hermano era un ídolo. Este año termina la secundaria y el año que viene ingresa a la fuerza, porque él quiere ser policía como su hermano y también por todos los compañeros de mi hijo, que eran su segunda familia”. Una situación que a ella le da tanto orgullo como temor.
Antes de finalizar, la madre del joven remarcó el objetivo de su testimonio. “Lo único que quiero es que se investigue y que esto no le vuelva a pasar a otra familia. No puede seguir pasando”, concluyó.


















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